Hasta que llegué aquí.

dsc_1856a

Yo viviría en un eterno verano, por siempre. Y al ladito del mar, por supuesto.

El otoño llegó casi de repente y demasiado pronto. El buen tiempo en esta ciudad no ha durado mucho la verdad, un mes y medio contado, pero por una vez en la vida no me importó que se terminase el verano, aunque la temporada de lluvias volviese de nuevo. Sí, increíble pero cierto.

El otoño siempre había sido una estación del año que pasaba desapercibida para mí; unos meses así como entre el frío y el calor, con el “veroño” este que tenemos en España…la nostalgia del calorcito y a la vez las ganas de que llegue el frío; el olor irresistible de castañas asadas pero el desánimo por el cambio de hora. Bueno como he dicho antes, para mí siempre fue una estación que mira…que pase rapidito y que llegue el verano ya de nuevo por favor.

Hasta que llegué aquí.

Hasta que llegué aquí y el otoño me enamoró. Casi de la noche a la mañana, las hojas de los árboles comenzaron a teñirse de colores rojizos, anaranjados y amarillos. Caminando por la calle podías ver las hojas caer despacio y cuidadosamente, invadiendo la acera y la calzada cuando llegaban al suelo. Y ha sido como vivir en una escena romántica de cine todo el tiempo durante dos meses. Los arces estaban en su máximo esplendor, de un color rojo intenso que no podías dejar de contemplar y las calles se convirtieron en alfombras rojas que deseabas que no terminasen nunca.

El otoño aquí es precioso. El otoño aquí es de película, de revista, de foto enmarcada o como lo queramos llamar.

Además, bueno ya os lo he dicho ¿no? Que estos norte americanos son muy exagerados y todo lo viven muy intensamente. Que llegue el otoño quiere decir que llega la fiebre de la calabaza y entonces todo lleva pumpkin. Las cafeterías no dejan de promocionar sus pumpkin spice latte, la sección de panadería y pastelería de los supermercados se llena de pumpkin pies y casi todas las marcas sacan sus limited edition con calabaza como ingrediente principal. Y a mí eso me encanta, para que nos vamos a engañar, si yo soy una loca de la calabaza; no sé si habréis probado la receta de la tarta y las galletas, pero si no lo habéis hecho ya, no perdáis más el tiempo.

La pena es que debido a las lluvias y la poca luz que hemos tenido estos meses de octubre y noviembre no he podido usar la cámara tanto como me hubiera gustado. No me quiero extender mucho más y os cuelgo una galería de las fotos que he hecho durante este tiempo, que aunque no muy buenas son suficientes para demostrarnos una vez más que lo mejor de Canadá es su naturaleza y que lo más preciado que tenemos es aquello que nos regala la Tierra.

dsc_1723a

dsc_1729a

dsc_1752a

img_0009

dsc_1754a

dsc_1794a

dsc_1780a

dsc_1802a

dsc_1843a

dsc_1896a

dsc_1912a

dsc_1906a

dsc_1924

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s